En Internet, nadie sabe que eres un perro.

 The New Yorker, Vol. 69 (LXIX) no. 20, page 61, July 5, 1993, by Peter Steiner

The New Yorker, Vol. 69 (LXIX) no. 20, page 61, July 5, 1993, by Peter Steiner

Hace unos 25 años, The New Yorker publicó esta imagen para explicarnos gráficamente que en Internet a veces es complicado saber con quién interactuamos. A menudo pensamos que la identidad digital tiene que ver con la imagen que proyectamos pero en realidad, es tan sólo una pequeña parte de lo que sucede cada vez que abrimos un perfil. 

¿Qué es la identidad digital? 

De acuerdo con la definición oficial, la identidad digital es la información utilizada por los sistemas informáticos asociados a una entidad - persona, organización, empresa o dispositivo - en el ciberespacio. Los atributos de datos son el usuario y la contraseña, el historial de búsquedas, la historia clínica y las transacciones comerciales. Los puntos claves de la identidad digital son la privacidad y la seguridad y para ello se han desarrollado sistemas, protocolos y lenguajes que permiten autenticar e integrar la información recuperando incluso los servicios asociados a esa fuente.

Casi 25 años después, la conectividad a Internet se ha multiplicado exponencialmente gracias al uso de dispositivos móviles y a las redes sociales. Un 80% de los menores de edad en España poseen perfiles en redes sociales. Facebook cuenta ya con 1,94 mil millones de usuarios cuyos datos suponen unos ingresos de más de 27.000 millones de dólares al año. Pero, ¿sabemos realmente con quién interactuamos y qué sucede con nuestros datos?

“On the Internet, nobody knows you’re a dog”

 

En realidad, Internet es una red y no es posible estar en una red sin compartir información. De hecho, nació para esa finalidad. El ciberespacio permite comunicarnos e interactuar con otras personas o con máquinas independientemente del lugar donde nos encontremos. Pero debemos conocer qué información queremos compartir y en la medida de lo posible, con quién. Porque el ciberespacio continúa siendo una oportunidad para "utilizar" identidades digitales.

MANIFIESTO

Como dice Jorge Drexler, la historia es una red y no una vía. Así imaginamos nuestras bibliotecas: una inmensa red de personas y conocimiento. Una red en la cual podemos sentirnos acogidas, o utilizar para dar un gran salto y proyectar nuevos espacios de conocimiento. Y nosotras, pequeñas arañas a merced de los tiempos, queremos participar en la construcción de esa red, con toda la paciencia y dedicación posible, convencidas de que son esas redes las que hacen crecer a las personas.

He aquí lo que proclamamos:

  1. Nuestra mejor colección son nuestros usuarios.
  2. Nuestra biblioteca se posiciona en la mente de sus usuarios.
  3. Nuestra biblioteca rompe la cuarta pared.
  4. Nos proponemos ayudarte a crear, influir y cambiar el mundo.
  5. Te acogemos para impulsar tu despegue.
  6. Tenemos voz humana y manos digitales.
  7. Nuestra biblioteca es móvil: queremos estar donde nos necesites.
  8. Nuestra biblioteca es una pasión, no un lujo.
  9. Bibliotecar (dícese de conservar, adquirir, compartir, comunicar, explorar, colaborar, integrar, desarrollar, acoger y crear), es nuestro verbo: somos gente de acción.
  10. Asumimos riesgos y nos enamoramos de los problemas.
  11. Los errores son recibidos con cariño, nos encanta aprender.
  12. Somos hacedoras y confiamos en los hechos: una porción de nuestro espíritu vive en ellos.

Esta es la visión que nos alimenta cada día. Siéntete libre de incrementar, compartir o usar este manifiesto como un proyectil...

 Paper plane by Lucas fhñe from the Noun Project

Paper plane by Lucas fhñe from the Noun Project

 

 

 

MUSEUX

Con frecuencia, los sistemas se diseñan pensando en objetivos de negocio, herramientas tecnológicas, funciones complejas o elaborados contenidos. Todos estos enfoques pasan por alto el aspecto más importante del proceso: el factor humano. Digital o analógica, la experiencia de usuario es el quid de la cuestión. Pero ¿cómo ponemos a los usuarios en el centro de la estrategia digital en un museo?

Para empezar, es imprescindible conocer al usuario. Existen numerosos estudios sobre público de museos, pero es quizá el "antimarketing" de museos desde donde podemos construir un perfil enriquecedor para crear narrativas a partir de significaciones personales. No basta con saber qué les gusta, por qué visitan un museo, con qué disfrutan; también debemos poner atención en lo que no les gusta, por qué no entran en un museo o qué sensaciones negativas experimentan.

Con su completo repertorio de tesoros para la humanidad, los museos son espacios idóneos para generar experiencias: en ellos podemos liberarnos de lo literal, podemos ponernos en la piel de otras personas, en otros tiempos y lugares y experimentar de una manera indirecta lo que no hemos experimentado directamente; nos predisponen a tolerar la ambigüedad, a explorar lo incierto, a aplicar un juicio libre de procedimientos y reglas preceptivas, al análisis crítico. El museo es el lugar perfecto para enriquecer el criterio.

El diseño de la experiencia de usuario en un museo, tiene que ver con el ingenio para encontrar los lugares comunes, las metáforas que expresen no sólo la creación de una atmósfera evocadora sino también una voluntad de implicar y provocar al visitante jugando con los contenidos implícitos.